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Sacos de escombros y contenedores

La runa, como se llama al escombro en las zonas de habla catalana, siempre sale en más cantidad de la prevista. Saber cuánta habrá y adónde tiene que ir ahorra viajes y alguna multa.

Ficha
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Publicada
Revisada
Normas citadas
Real Decreto 105/2008 (residuos de construcción y demolición) · Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados · Real Decreto 396/2006 (amianto)

Un tabique tirado ocupa más en el suelo que en la pared, y en la báscula da más kilos de los que aparenta. Casi todos los problemas con la runa vienen de esas dos sorpresas.

Escombro cerámico suelto
Entre 1 y 1,5 toneladas por m³
Esponjamiento al derribar
De un tercio a la mitad más de volumen
Separación en obra
Obligatoria desde el 1 de julio de 2022
Obra menor
Rigen las ordenanzas de cada ayuntamiento
Fibrocemento con amianto
Solo lo retiran empresas inscritas en el RERA

Del saco de rafia al contenedor

FormatoTamaño habitualCuándo encaja
Saco de rafiaunos 50 × 80 cm, lo que una persona levantaAlicatado de una pared, restos de rozas, una chimenea pequeña
Big bag de obraen torno a 90 × 90 × 90 cm, unos 0,75 m³Reforma de un baño o una cocina, un tabique suelto
Contenedor metálicode 3 a 9 m³, según empresa y municipioVaciado de un piso entero, varios tabiques, una cubierta
Camión volquetela caja entera, según el camiónTierras de excavación y derribos
Varios big bags llenos de escombro y baldosas viejas en una acera de Barcelona, junto al alcorque de un árbol y coches aparcados
Fig. 1 Big bags de escombro esperando la recogida en una acera de Barcelona. Foto: Eric Fischer, CC BY 2.0

El big bag de escombros (o saco contenedor) lleva cuatro asas. Se llena en la acera, o en un patio descubierto hasta donde llegue la grúa, y el camión lo engancha y se lo lleva. Por lo general el saco se vende con la recogida incluida, y la retirada se pide cuando está lleno.

Dibujo técnico de un big bag de obra con cuatro asas, cotas de unos 90 por 90 por 90 centímetros y la etiqueta de carga máxima cosida
Fig. 2 Big bag de obra con cotas habituales. La carga máxima viene en la etiqueta cosida, no en el tamaño del saco.
Contenedor metálico de obra, rojo y oxidado, lleno de cascotes de ladrillo hueco en una acera de Barcelona
Fig. 3 Contenedor de obra cargado de cascotes en una calle de Barcelona. Foto: Eric Fischer, CC BY 2.0

El contenedor es otra escala. Ocupa una plaza de aparcamiento, casi siempre necesita permiso y lo trae un camión portacontenedores que requiere espacio para maniobrar. En las calles estrechas de muchos cascos antiguos no hay manera de dejarlo, y la reforma sale adelante a base de big bags.

El peso manda

Un metro cúbico de escombro cerámico suelto, es decir, ladrillo, azulejo y mortero, pesa entre una tonelada y tonelada y media, según lo que lleve y lo troceado que esté. El yeso y la madera pesan bastante menos. La tierra húmeda, más.

Por eso un big bag lleno hasta el borde de azulejo y ladrillo puede pasar de lo que admite el saco o la grúa del camión. Cada saco lleva cosida una etiqueta con su carga máxima de trabajo, muy a menudo 1000 kilos, y hay conductores que se niegan a levantar uno pasado de peso. Para que la recogida salga a la primera:

  1. El sitio se elige antes de abrir el saco: al alcance del brazo de la grúa, sin cables, ramas ni balcones encima, y sin tapar un paso de peatones ni un vado.
  2. El saco se abre del todo y se deja plano, con las cuatro asas hacia arriba y libres.
  3. Primero va lo pesado, es decir, cerámica, mortero y trozos de hormigón, repartido por el fondo para que el saco no se tuerza.
  4. Con ese escombro se para a dos tercios de la altura. Un saco solo de madera o de embalajes se puede llenar más.
  5. Nada debe asomar por encima de la boca.

Luego está el esponjamiento. Al demolerlo, el material deja de estar compacto y gana volumen. Cuánto depende de cómo se trocee, pero calcular entre un tercio y la mitad más que el volumen del elemento en pie es una estimación prudente. Un tabique de ladrillo hueco de 3 por 2,5 metros, con su yeso por las dos caras, llena sin esfuerzo un big bag.

Separar en la obra

La Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, obliga desde el 1 de julio de 2022 a separar los residuos de construcción y demolición no peligrosos, como mínimo, en estas fracciones: madera, fracción mineral (hormigón, ladrillos, azulejos, cerámica y piedra), metales, vidrio, plástico y yeso. En la obra menor la forma concreta la fijan los ayuntamientos, pero la idea es la misma en todas partes.

En una reforma de piso, cada fracción de la ley tiene su equivalente bastante claro:

FracciónQué sale de una reforma de piso
MineralLadrillo, mortero, azulejo, gres, terrazo, trozos de hormigón
YesoGuarnecidos, placas de yeso laminado, molduras de escayola
MaderaZócalos, marcos y puertas
MetalesTuberías viejas, perfiles, radiadores
PlásticoTubos de PVC, embalajes, film de proteger suelos
VidrioCristales de ventanas y de mamparas
Montón de escombro de demolición con ladrillo hueco roto, losas de hormigón y restos de yeso mezclados
Fig. 4 Escombro de tabiquería sin separar: ladrillo hueco, hormigón y yeso. Foto: Lionel Allorge, CC BY-SA 3.0

El yeso va siempre en su propio saco, porque aporta sulfatos y estropea el reciclado de la cerámica. Muchos gestores aplican una tarifa más baja a un saco limpio de cerámica que a uno mezclado.

La fracción mineral limpia es la que acaba convertida en árido reciclado, por ejemplo en la zahorra de las bases.

Lo que no va en el saco

Pajar de piedra medio en ruinas con el tejado de placas onduladas de fibrocemento, entre robles
Fig. 5 Tejado de fibrocemento en un pajar de Valdavido (León). Foto: Adgallego, CC BY-SA 4.0

El fibrocemento, lo primero. Las placas onduladas de los tejadillos de corral, los depósitos de agua de las azoteas, algunas bajantes antiguas: si son anteriores a 2002, hay que dar por hecho que llevan amianto, prohibido en España desde finales de 2001. Mucha gente lo llama uralita, por la marca que más se vendió. Su retirada la regula el Real Decreto 396/2006 y solo pueden hacerla empresas inscritas en el Registro de Empresas con Riesgo por Amianto, el RERA. Esas placas no se rompen ni se cortan con radial, y tampoco se meten en un big bag.

Tampoco van al saco los botes de pintura, los disolventes, los cartuchos de silicona o de espuma de poliuretano, los fluorescentes ni las baterías. Su sitio es el punto limpio. Algunos puntos limpios municipales admiten también pequeñas cantidades de escombro de particulares, con límites que fija cada ayuntamiento.

La calle es del ayuntamiento

El Real Decreto 105/2008 regula en España la producción y gestión de los residuos de construcción y demolición. Las obligaciones que impone al productor y al poseedor de esos residuos, en sus artículos 4 y 5, no se aplican a las obras menores de construcción o reparación domiciliaria: su disposición adicional primera las remite a lo que fije cada ayuntamiento en sus ordenanzas. Se puede comprobar en el texto consolidado en el BOE.

Cada ordenanza es un mundo, aunque hay exigencias que se repiten mucho:

  • Autorización o comunicación previa para ocupar la vía pública con un contenedor, y a veces también con un big bag.
  • Contenedor rotulado con los datos de la empresa y tapado con una lona al acabar la jornada.
  • Pasos de peatones, vados, alcorques y bocas de riego, siempre libres.
  • Al terminar, un justificante de que la runa llegó a un gestor autorizado, muchas veces para recuperar una fianza.

Ese justificante lo entrega el gestor o la empresa del contenedor. Guardarlo con el resto de papeles de la obra ahorra más de una discusión.